
En mundo en el que vivo en un espiral silencioso.
Te extraño. Sobre todo en los recovecos de mis elucubraciones; tras las tardes ociosas en las que tengo tanto que hacer, esas tardes que se van convirtiendo en noches y en anhelos de humo y neblina y palabras y café. Te extraño en mis espacios mudos, en las pausas de escaleras abajo, en el recuerdo de la incertidumbre de tus miradas de nueve y catorce.
Ojala el viento del norte me traiga tu risa de vez en cuando, Oso Hormiguero.
Te extraño. Sobre todo en los recovecos de mis elucubraciones; tras las tardes ociosas en las que tengo tanto que hacer, esas tardes que se van convirtiendo en noches y en anhelos de humo y neblina y palabras y café. Te extraño en mis espacios mudos, en las pausas de escaleras abajo, en el recuerdo de la incertidumbre de tus miradas de nueve y catorce.
Ojala el viento del norte me traiga tu risa de vez en cuando, Oso Hormiguero.
3 comentarios:
Tuve un espejito rústico y práctico de carey con quien jugaba a esconderme y encontrarme. Nunca sé dónde lo pongo, pero siempre lo encuentro. Es perfecto.
Tuve una linda carpeta de colores brillantes a la que le cabía de todo: felicidades y desgracias. Me falta tanto cada que pienso lo que debo recordar y olvidar. Espero esté bien.
Tuve un par de zapatos que jamás me hicieron volar pese a el vendedor perjuró que tenian alitas mágicas. Pero... ¡eran tan bonitos mis zapatos! ¡Me encantaban! Lástima que me hayan lastimado.
También tuve un rico cafecito muy bien hechecito que a veces tenía azúcar y otras no. Me decía buenos días y buenas noches según la consistencia del cielo y el olor del tiempo. Buenos, buenas...
Tuve un montoncito de cajitas estampadas que nunca pude abrir pero me encantaba agitar e imaginar qué era lo que le sonaba dentro. A veces era metal, otras semillas, otras... algo que nunca hube escuchado y sigo buscando en cada cumpleaños.
Y claro... Tuve un borreguito -¡un precioso borreguito!- que luego se dividió y al rato se triplicó. Viven libres en tierras altas, tan lejanas que no alcanzo sin respirador. Sé que están bien; siempre han sido fuertes; de buena raza. Son preciosos.
No lo niego: los tuve y amé.
Hoy, aunque no los tenga conmigo, igual los amo.
La Aprendiz de Bruja
[Y de pronto... aparece]
Égloga o égogla. Campos no estaba seguro. No podía estarlo porque era la primera vez que escuchaba tales palabras, y aun si por separado presentaban un problema para adquirir un conocimiento, al menos intuitivo, sobre su significado, juntas sólo causaban una especie de mareo semejante a aquel cuyo fin se prevé sólo de dos maneras: haciendo tierra o haciendo mugrero.
Luego de un silencio, con esa parsimonia del hombre que no desea comprender que su siguiente acción determinaría los siguientes cuatro años de su vida, dijo:
Deste modo ou daquele modo,
Conforme calha ou não calha,
Podendo às vezes dizer o que penso,
E outras vezes dizendo-o mal e com misturas..
n_n..
Uf ! acá pasa puro poeta que mejor me regreso por mi espada lingüista...
ahí vengo
DeLlira
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